Documento de la 1° MDLG en CABA

Cuando la gorra crece, nuestros derechos desaparecen

Hoy, 23 de noviembre de 2017, nace una nueva jornada de lucha, de organización colectiva, de afirmación de nuestra cultura y defensa de nuestros derechos. Porque queremos vivir en una ciudad sin discriminación ni represión policial; una ciudad más justa e igualitaria. ¡Hoy le damos vida a la Marcha de la Gorra por primera vez en la Ciudad de Bs. As!

La marcha de la gorra surge en Córdoba en 2007 como respuesta a un aumento desmedido de la violencia y persecución policial hacia la juventud, las disidencias sexuales, los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, los y las migrantes y todo aquel que saliera a las calles para manifestarse y luchar por sus derechos.  Desde entonces el espíritu creativo y popular de la marcha no ha parado de contagiarse a decenas de lugares de nuestro país: En Córdoba, en las ciudades de Río Cuarto, Mina Clavero, San Francisco, Villa María, Villa Nueva, Sierras Chicas, Jesús María y Colonia Caroya. También en la Provincia de Buenos Aires en las ciudades de La Plata, Tandil y Mar del Plata. Y este año, ¡la marcha llega a San Fernando del Valle de Catamarca y la CABA!

Realizamos esta primera Marcha de la Gorra en la Ciudad de Buenos Aires en un contexto muy adverso para nuestro pueblo. Desde el triunfo de Macri en 2015, asistimos a un notorio aumento de la represión social, y a un intento por consolidar la legitimidad de la mano dura como único medio para combatir la llamada “inseguridad” y avalar el abuso sistemático de las fuerzas de seguridad como política de Estado.

El gobierno de la alianza cambiemos tiene el nefasto record de tener un muerto cada 25 horas en manos de las fuerzas de seguridad por casos de violencia policial. Su ex ministro de Educación Nacional y Senador electo, Esteban Bullrich, se enorgullece de que en la actual gestión haya “un pibe más preso por cada día que pasa”.

Nos encontramos ante el gobierno con más casos de violencia institucional desde 1983, repartida por igual para todos los sectores que incomodan al poder:

La violencia estatal se ejerce sobre los pibes y pibas, sobre nuestra juventud, cuando nos torturan como a Ezequiel e Iván de la Garganta Poderosa, cuando nos balean como a Lucas Cabello en el barrio de La Boca, cuando se meten a las villas a dar palos como con la murga de la 1-11-14, cuando ingresan ilegalmente a los establecimientos educativos a armar listas negras y hostigar a los y las estudiantes, o cuando quieren bajar la edad de punibilidad a 14 años, tildando de pibes chorros a los pibes y pibas de barrios populares, estigmatizándolos a través de los medios de comunicación.

La violencia estatal se ejerce sobre la clase trabajadora cuando les pegan a nuestros maestros y maestras de la Carpa Itinerante, cuando reprimen las movilizaciones de Cresta Roja o Pepsico, o cuando desalojan de sus lugares de trabajo a los manteros, vendedores y vendedoras ambulantes y laburantes de la economía popular.

La violencia estatal se ejerce sobre las mujeres y las disidencias cuando hacen razias y caza de brujas en los Encuentros Nacionales de Mujeres, en marchas significativas como la del 8 de Marzo o cuando nos detienen porque su conservadurismo no tolera vernos amamantar a nuestros hijos e hijas en una plaza, o que las parejas no heterosexuales nos besemos en público.

“La violencia estatal se ejerce sobre las identidades villeras cuando se militarizan los barrios, culpabilizando a sus habitantes por la llamada “inseguridad”; cuando se estigmatiza a la juventud de las villas por tomar birra en una esquina pero en simultáneo se avala y regentea el narcotráfico; o cuando se maltrata a las personas en situación de calle en el espacio público, tirando sus pertenencias a la basura y siendo desalojadas de manera violenta de los lugares donde “ranchan”.”

La violencia estatal se ejerce sobre todo el pueblo cuando violan los derechos humanos elementales, cuando a pesar de todas las observaciones internacionales mantienen la detención ilegal y arbitraria de Milagro Sala, cuando construyen más cárceles y más policías y menos hospitales y escuelas, cuando intentan negar los 30.000 desaparecidos y desaparecidas y reducir la pena de los genocidas con el 2×1. Y por supuesto cuando desaparecen forzadamente a militantes de causas populares y los asesinan como a Santiago Maldonado.

Sabemos que todas estas prácticas no son nuevas. En la Ciudad de Bs. As. Llevamos más de 10 años de gobierno macrista, enfrentando día tras día todo tipo de situaciones de violencia y represión: la UCEP, el Fino Palacios, las escuchas ilegales, los desalojos y la falta de una política de vivienda, la militarización de los barrios populares, la persecución de militantes y una infinidad de políticas discriminatorias y represivas. Estas políticas se llevan a cabo con la complicidad del Poder Judicial porteño, que autoriza la utilización de pistolas Taser o convalida las detenciones y requisas arbitrarias; así como también el poder legislativo avala la creación de la Policía de la Ciudad, legitimando y dándole aire a la política represiva del macrismo.

Por eso, no ignoramos que la violencia institucional es un problema de larga data en la Ciudad y en todo nuestro país, por el cual las organizaciones políticas, sociales y de derechos humanos venimos peleando incansablemente. Desde el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en el puente Pueyrredón, pasando por las desapariciones de Jorge Julio López o Luciano Arruga, hasta la infinidad de pibes y pibas asesinados día tras día en los barrios populares.

Todos estos son acontecimientos dolorosos para nuestro pueblo pero que también nos despiertan la conciencia, nos invitan a organizarnos y a elevar nuestras voces, a resistir en unidad y a construir alternativas colectivas. Porque los y las de abajo sabemos que si la gorra crece, nuestros derechos desaparecen. Porque sabemos que Macri lleva la marca de la gorra bien calzada en la frente. Por eso nos organizamos, por eso luchamos. Para que se sienta la alegría de este pueblo que pone el cuerpo hasta vencer.