Cuando las gorras vienen marchando

Artículo publicado en el portal web Cba24n

Por Lucas Crisafulli

¿Cuál es el significado político y simbólico de veinte mil personas marchando en Córdoba? ¿Qué sentidos culturales tiene la segunda marcha más grande en Córdoba después de la del Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia? ¿Cómo analizar el fenómeno de la organización juvenil contra las políticas de seguridad?

Existe un dato objetivo: año tras año, La Marcha de la Gorra convoca a más personas. La lluvia y la amenaza constante del paro de transporte público no disminuyó la convocatoria: la octava marcha convocó incluso más que la séptima, y ésta más que la sexta, y así.

Este dato numérico produce una consecuencia: el código de faltas ha salido de su más profunda opacidad. En Córdoba siempre existió un Código de Faltas y el vigente, este año cumple veinte. Sin embargo, las prácticas que habilitaba no siempre fueron visibles, no por lo menos en términos sociales. Se aplicaba y mucho, pero siempre afectando a los jóvenes pertenecientes a los sectores populares, por lo que no tenía repercusión mediática. Ahora se sigue aplicando de forma masiva (quizás a muchas más personas que antes, y digo quizás porque es más fácil encontrar a una ballena en el Río Suquía a que el Gobierno Provincial proporcione estadísticas) pero visible, y eso es una de las grandes victorias de La Marcha de la Gorra. Las organizaciones sociales han estado a la vanguardia de la Academia que no trató el tema sino recientemente, pero también dichas organizaciones les llevan la delantera a los partidos políticos, los que por convencimiento ideológico o temor a perder votos, se han rehusado debatir el tema.

Las distintas consignas en estos ocho años de marcha son el dato cualitativo. Desde aquella en 2007 “¿Por qué tu gorra sí, la mía no?” hasta la actual “Mejor gorra embrollando, que policía matando” demuestran el endurecimiento del escenario social. El reclamo no es sólo por las detenciones masivas y arbitrarias, sino también por los homicidios cometidos por la policía en el nombre de la seguridad.

La Marcha no solo posibilitó poner en discusión social al Código de Faltas en particular y a las políticas de seguridad en general, también ha fijado agenda política. No es un dato menor que en la Legislatura provincial anden en danza varios proyectos de modificación. Y si bien esto no es lo mejor esperable ya que, por lo menos el proyecto del oficialismo insiste en el paradigma represivo del actual Código de Faltas, es una señal de que los actores políticos han escuchado el reclamo, aunque atravesado por su propia ideología conservadora.

La Marcha de la Gorra ha interpelado la forma en la que se gestiona el gobierno de la seguridad en la Provincia. Primero poniendo en discusión al código de faltas, pero eso quizás sea la punta del iceberg que permite problematizar otras formas de violencias, como la institucional (la tortura por parte de la policía y el gatillo fácil como forma de violencia letal), la (ina)acción de la justicia ante estos casos, la propia organización policial desprofesionalizada y militarista, el socio-racismo que implica la detención por portación de cara y, en general, de toda la política securitaria que no garantiza menos violencia, no nos hace sentirnos más seguridad y a su vez restringe sistemáticamente derechos.

En la elaboración de las políticas de seguridad existen dos reclamos que deben ser atendidos. Primero, el sistema normativo – la Constitución Nacional – y político – la Democracia – exigen que las medidas a tomar no violen Derechos Humanos. Segundo, la ciudadanía exige que dichas medidas sean eficientes en disminuir la cantidad de delitos. En Córdoba la política de seguridad incumple ambos mandatos. Cabe preguntarse por qué se sigue insistiendo en dicho paradigma pese a su rotundo fracaso y para ello hay que escarbar un poco en la autonomía policial, una fuerza de seguridad que se autogobierna al margen de todo control ciudadano y político. El 3 y 4 de diciembre pasado son toda una prueba del autogobierno.

La Marcha es también una metáfora de lo inasible: jóvenes merodeando el centro de la ciudad, ese espacio social y simbólico vedado el resto del año porque para las políticas de seguridad, son sospechosos. Ello implica una reapropiación de ese espacio, un merodeo masivo de veinte mil cuerpos gritando el fracaso de las políticas de seguridad.

Sí, están las muertes por el gatillo fácil, la desaparición de personas, los 73 mil detenidos por el Código de Faltas (último dato accesible del 2011). Pero también está la juventud, los colores, los artistas callejeros, las murgas, el baile y una resistencia infinita a no ser objeto de la seguridad, sino sujeto de derechos en esta Córdoba difícil. Eso también es la Marcha de la Gorra, militar temas terriblemente tristes de la forma más alegre posible.

Fuente: Cba24n