CRÓNICA DE LA 13° MARCHA DE LA GORRA

Van pasando las 17 hs y la gente va llegando al panal.
Estamos por partir desde donde, durante los últimos años, fue nuestro punto de llegada.
¿Será que todo se está dando vuelta? Porque ahora el miedo cambia de bando, porque somos una multitud y estamos copando las calles, estamos juntes y organizades.
Empiezan a llegar las banderas, la gente de los barrios, los bombos y los colores de las murgas. En el piso se van preparando las figuras de les asesinades por el estado represor. Aquellas imágenes que vamos a levantar bien en alto, porque acá están, presentes.
Arrancamos la marcha, somos cientos, somos miles. Somos les perseguides, les verdugueades,les trans, les militantes que soñamos con otros mundos posibles. «Somos les migrantes desarraigades», porque esta marcha no entiende de fronteras, porque la lucha es contra los estados represores y asesinos y así lo hacemos saber.
«Ni golpe de Estado, ni golpe a las mujeres», porque acompañamos la lucha de nuestres hermanes de Bolivia.
«El estado opresor es un macho violador», porque nos apropiamos de los cantos de nuestras compañeras que resisten y dan la pelea en las calles de Chile.
Porque hay algo que une a todas estas realidades. Nos estamos revelando ante un sistema que sólo provoca miseria y muerte. No nos conformamos y salimos a las calles.
Seguimos avanzando…
Estamos interviniendo las calles del centro a nuestro paso, estamos haciéndonos escuchar.
«La navidad de les pibes de los barrios», se escucha gritar por el micrófono. Las gorras se apoderaron de las calles.
Nos desbordan las emociones, la alegría del encuentro, de la resistencia, la bronca organizada, la impotencia del dolor de les familiares pidiendo justicia por les pibis, esxs pibxs que nos quitaron pero vuelven una y otra vez, presentes en la lucha. En el abrazo compañero.
Arribamos al escenario, a un costado de los tribunales custodiados por una plaga de ratis. En el medio, unas vallas. Esas vallas, que cuidan a esos ratis, portando armas con miedo. Del otro lado: nosotrxs, nuestras únicas armas son nuestras cuerpas, nuestras voces: «Vayan a laburar», «No los necesitamos», «No protegen a nadie», «No los queremos acá», se nos escucha arriba del escenario.
Así como los nombres de todes les pibes que se escuchaban una, y otra, y otra, y otra, y otra vez durante la marcha, para así recordarles una y mil veces. Para así, las propias Madres, arriba del escenario, con micrófono en mano, frente a una multitud juvenil, encarar a todos esos estados que les quitaron a sus hijes, a nuestres pibis. Nos quitaron tanto, que nos quitaron hasta el miedo.
Y ahora el estado no da miedo. Tu estado no da miedo. Ahora salgo. En mi barrio no me encierro!