¿Cuánto más? … hasta vencer!

¿Cuánto más? … hasta vencer!

La pérdida es el comienzo. Todxs andaban perdidxs. Medio desorientadxs. No les quedaba muy en claro dónde comenzaba la marcha. Muchxs creían que arrancaba de la manera tradicional, que era en la clásica intersección de Colón y Cañada. En realidad, estaba a unas cuadras más adelante. La marcha arrancaba en General Paz y 9 de Julio. Porque ahora, por lo menos durante un solo un día, le decíamos al Estado que las calles son nuestras.

Nuestras voces retratadas #1: “Mención aparte merece la violencia de género ejercida por un Estado que además de policial es patriarcal: las violaciones y abusos en las cárceles y en los barrios, para no detener a las jóvenes y el pedido de teléfonos y datos, son prácticas que aparecen de manera permanente.”

La pérdida es el comienzo. Pero el comienzo de la marcha es la despedida de esa pérdida. Las posiciones ya están claras.

Nuestras voces retratadas #2: “El Estado que ustedes administran es un Estado policial, que no comete excesos en nombre de la seguridad, sino que es la fuente misma del delito que dice combatir, y que en estos diez años no ha dejado de subir”.

Otra vez el frío asfalto de la ciudad de Córdoba comienza a levantar temperatura. No solo febo asoma. Asoman las gorras, los tacos, las banderas, las tortas, lxs trans, los feos y las feas. Lxs que nunca ves, dando vueltas por el Paseo de las Tejas (pero sí “merodeando”). Y llegan como siempre, a pesar de todo, a pesar de las ausencias. Ahí se lxs ve. Chichiando, chamuyando, embrollando, cuchichiando, feisbukeando. Ya están preparadxs, al calor del sol, al fuego del temple de tambor, al fuego que levanta la rabia y dolor de preguntarse cada año. ¿Hasta cuándo? Sabemos que el Estado es Responsable.

Los parlantes se encienden y el micrófono se prepara. Son las mujeres las que toman el micrófono. Las guachinas. Frente a la marcha, lxs pibes más chiquitxs. “Son lxs hijxs de la Marcha de la Gorra”, se grita desde el micrófono.

Nuestras voces retratadas #3: “Un plan semejante sólo puede imponerse si logran derrotar a quienes hoy estamos de pie enfrentando sus políticas represivas y de ajuste. Si hoy estamos aquí es para recordarles que no van a poder, que no los vamos a dejar.”

Se mueven. Se mueven muy fieras. No es una. Ni dos ni tres ni cuatro. Son varias. Muchísimas. Se mueven como cardumen. Sí, hablamos de esas que se mueven, que vos tiraste. No importa si van contra la corriente, se mueven y van, muy fieras. Van yendo en línea recta, rectilíneas, se dejan llevar, sin importar a donde impactar, ni cuánto dolor ha de llegar. Impactan en la carne, tumban lxs cuerpxs, y pintan todo de rojo. Pero a esas que se mueven como enjambre, se las verán moverse como enjambre. Dejarán de ser rectilíneas y se encorvarán. Porque al ser enjambres, volverán a buscar su panal. Y en el panal, buscarán a su reina madre. Andará sentada en algún escritorio.

Nuestras voces retratadas #4: “Sus políticas de segregación nos dividen entre ciudadanxs de primera y de segunda, levantan muros reales y simbólicos, y clasifican los barrios por colores según su supuesta peligrosidad. Mediante este diseño represivo nos persiguen, encarcelan, torturan y fusilan impunemente”.

Los costados de la sonrisa se estiran bien arriba. Buscando el mas allá. Tan alto que terminan abriendo sus labios y mostrando sus dientes. La tristeza es la alegría al infinito. Se resplandecen los platillos, bien redondos, impactando con los golpes y emergiendo los sonidos, paso a paso. Las piernas se estiran, se levantan para arriba, hasta el infinito, como las sonrisas.  Vencen la inercia. Vencen la gravedad. Y los pies también. Saltan. Y también quedan congelados en la imagen, en el aire, sin que las zapatillas toquen el piso. Bombos, golpes, bombos, golpes. Los colores le dan el camino a la bronca. Qué es mucha. Bronca, bronca, mucha bronca. Los colores la guían. A dónde habrá de partir. La bronca es rabia, la rabia mueve lxs cuerpxs. Y lxs cuerpxs se mueven. Se mueven para atacar. Apuntan al Estado. Le dicen al Estado que todavía estxs cuerpxs están. Están embroncados. Y responden.

Nuestras voces retratadas #5: “Capos narco que viven sin asfalto, ladrones de un año y nueve meses de edad, o delincuentes que pueden robar una cartera mientras están tomando mate en su casa, son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la opinión pública ante burdos montajes, mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en la “lucha contra la inseguridad”.

Por allá, anda El Panal. Rodeado de vallas. Por ahí adentro anda un camión; parece sacado de una escena de “Robocop”. En la oscuridad se ven grupos de pelotones. Seis en total. En cada uno, unos cinco o seis uniformados. Lo único luminoso de ese lado, detrás de las vallas, es El Panal. Con sus colores luminosos, que conforman los colores de la bandera argentina. El escenario ya está preparado para recibir a lxs pibes. No tiene ningún fondo preparado. Solo el fondo “natural” de El Panal.

Nuestras voces retratadas #6: “Depositarixs de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de la justicia de los ricos, muchos de sus blancos son pibxs de nuestros barrios, trabajadorxs, estudiantes a quienes ustedes quieren volver incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son perseguidxs”

La lectura del documento es compartida por una concentración mirando fijo El Panal. Las balas artísticas se instalan en las vallas, en esas que divide el terreno. La lectura sigue. Llega al tramo final, se pronuncian cada unx de lxs 30 homenajeadxs “compañeras, compañeros y a sus familias en pie de Lucha”. Cada nombre., un grito de PRESENTE. Puño izquierdo en alto.

“Que quede bien claro: El Estado es responsable. Llegamos hasta la Casa de Gobierno a gritarles en la cara que lo que ustedes promueven bajo la bandera de Unión Por Córdoba no es más que un plan de exclusión, lo que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”.

Ya terminó la Décima Marcha. Un número redondo, pero que sea redondo no significa que acá se cierra. Porque quedamos lo que quedamos, pero quedaremos más. Y más que nada, porque no estamos todxs, todavía faltamos más. Y todavía faltan más. ¿Cuántos más? ¿Cuántos más? ¿Cuántos más?

La respuesta es sencilla: Hasta Vencer.